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El Viejo
La Vela Puerca Lyrics


La cabecita despierta, orgullo de su mamá
El niño creció en su casa, de adolescente quiere asomar
Resbalando las veredas, el barrio lo encandiló
Dando vueltas las esquinas tocó placeres, tocó dolor

Se enamoró de la vida, todos los días, todas las noches
Desayuno con las damas, la cena se la salteó
Va caminando sin rumbo, lleva la calma del vagabundo
Pero dejando la vida, donde mande la ocasión

Viejo divino ¿dónde vas?
Yo sé muy bien que no querés mirar atrás
Final amargo, solo queda hoy un perro flaco
Y el fondo de un vino pa' entibiar

Después de las juventudes, cansado de tropezar
Se busca una buena esposa y 14 horas pa' trabajar
Pero algunos pajaritos, no se pueden encerrar
Se les va penando el alma, de pronto ya no quieren cantar

Se desparramó la foto después de entrado hasta los 40
Y casi sin darse cuenta, alcohólico se volvió
Y fue bajando escalones muchos inviernos a la deriva
Las vueltas que da la vida, en la calle terminó

Viejo divino ¿dónde vas?
Yo sé muy bien que no querés mirar atrás
Final amargo, solo queda hoy un perro flaco
Y el fondo de un vino pa' entibiar

Viejo divino ¿dónde vas?
Yo sé muy bien que no podes mirar atrás
Final amargo, solo queda hoy un perro flaco
Y el fondo de un vino pa' entibiar
Y el fondo de un vino pa' entibiar, un perro flaco
Y el fondo de un vino pa' entibiar

Lyrics © Universal Music Publishing Group
Written by: Alejandro Balbis, Nicolas Lieutier, Sebastian Teysera

Lyrics Licensed & Provided by LyricFind
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Rvssian

La historia del Viejo de La Vela Puerca

¿Quién es el "Viejo"?

Inspiró la letra de una canción que fue un éxito en todo Uruguay. Pero el contacto con la fama no lo cambió. Sigue viviendo en la calle, con sus perros.

Estaba acurrucado contra una esquina, en la entrada de un comercio. Allí, frente al Punta Carretas Shopping, mientras algunos salían con las bolsas de sus compras rumbo a sus casas, Galeano disfrutaba de la comodidad del duro asfalto.

Su cabeza sobresalía entre sus perros y algunos cartones, expectante y curiosa, observando detenidamente a todo aquel que pasara por ahí. Y todo aquel que pasaba por ahí buscaba ignorarlo, mirándolo de reojo con una mezcla de desagrado y temor. Como lo hemos hecho todos cada vez que pasamos frente a alguna persona que vive en la calle.

Había conocido a Galeano una semana antes. Lo había escuchado hablar, reír y llorar. Había conocido a sus compañeros, sus vecinos, sus perros. Ahora al verlo, ya no veía simplemente a alguien tirado en la calle; veía a una persona y su historia.

Galeano habitaba una casa en la calle Solano García, frente al Punta Carretas Shopping. La casa había sido vendida, pero hasta tanto no saliera el permiso para su demolición, la inmobiliaria le había propuesto a Galeano que la cuidara. Estaba parado en la puerta. Vestía un pantalón gris dos talles más grande, camisa a cuadros y un buzo de lana azul oscuro. El pelo corto y surcado de canas, contrastaba con una larga barba de casi 15 centímentros de largo. Se notaba que no había recibido un buen baño desde hacía unos cuantos días.

A pesar de no conocerme, me recibió amablemente y me invitó a unirme a su recorrida matinal por el barrio.

Recorrer las calles de Punta Carretas con Galeano es como tomar un tour turístico por la zona. Conoce la historia de cada casa, cada pared: "aquí vivió Mengano, padre de Zutano"; "Aquí estuvo el último tambo de Montevideo", y la lista sigue.

La primera parada no fue en ningún lugar histórico sino en una panadería. "Buen día divinuras, ¿cómo andan hoy?", gritó Galeano a las chicas que atendían. Estas le contestaron con cariño, pero presurosas por entregarle su ración del día y sacarlo del local lo antes posible. A los pocos minutos Galeano abandonó el local con dos pizzetas y una flauta en sus manos.

Siguió el recorrido saludando a cuanta persona se cruzase por la calle. No había vecino que Galeano no conociese, y viceversa. A todos lo saludaba con su ronca voz, carcomida por años de alcohol, unos cuantos decibeles por encima de lo necesario.

Algo es claro, Galeano no pasa desapercibido en ningún lugar. Cuando se cruzaba con algún ejemplar del sexo femenino la historia era diferente. No importaba si las mujeres eran altas o bajas, gordas o flacas, jóvenes o mayores, todas recibían un tratamiento igualitario: "¡Animala! ¡Sos la pesadilla de mis sueños!", les decía mientras se quedaba petrificado mirándolas. La cara de aquellas que no lo conocían iba desde el desagrado y el asco hasta la histeria. Pero las vecinas del barrio le dedicaban una sonrisa y seguían tranquilas su camino sabiendo que Galeano es inofensivo.

La siguiente parada del tour fue en una farmacia, de donde Galeano salió con un litro de alcohol rectificado. Ingenuamente le pregunté si era para curar alguna herida. "Claro que sí, pero son heridas del corazón", contestó. En ese momento supe dos cosas: no le quedaba mucho tiempo de sobriedad —aunque a esa altura ya tenía mis serias dudas sobre su estado etílico—, y que detrás del viejo de la canción existía una historia oculta que ciertamente me interesaba conocer.

"Orgullo de mamá"

Galeano dice que se llama Carlos María, que nació en Trenque Lauquen, Argentina, en 1943. Que sus padres fueron Salvatore Angelo Galeano y Nora Del Valle —seudónimo artístico de su madre, que supo ser actriz de radioteatros— y que lo trajeron al Uruguay a los 4 años.

Recuerda que en 1955 se mudaron a Punta Carretas y pasaron a vivir en el altillo de una casa por la calle Solano García, frente a donde hoy está el shopping.

Su infancia y juventud fueron como las de cualquier persona: hizo escuela y liceo completos en el colegio católico de los Hermanos Maristas, donde confirmaron los dichos de Galeano. Incluso, cuenta, llegó a cursar los dos primeros años de la Facultad de Derecho. Al mismo tiempo alternaba con el trabajo. De joven se dedicó a las ventas por mayor y menor.

"En aquella época lo único que importaba era vender. No importaba cómo. Se puede decir que yo soy argentino de nacimiento, uruguayo por adopción y también medio turco", relató entre risas. "Medio turco porque empecé vendiendo al por mayor en el interior y terminé vendiendo puerta por puerta".

En aquellos años conoció a la que sería su futura esposa. Ella era de Rivera y había venido a Montevideo a trabajar de empleada doméstica en la casa del doctor Salvador Pugliese. Galeano recuerda que la conoció un día en Villa Biarritz. "Era una morocha espectacular; parecía una actriz de cine. Me enamoré profundamente". Se casaron tiempo después en la iglesia del Sagrado Corazón, en pleno Punta Carretas, y se fueron a vivir juntos a la casa de sus padres.

Al poco tiempo tuvieron un hijo y Galeano debió dejar la Facultad de Derecho y dedicarse de lleno a trabajar. Según relata, pasó por diferentes trabajos hasta que un día consiguió un buen empleo como portero en un instituto de enseñanza, el Yavne. "Querían a un milico de portero, pero yo hablaba inglés y eso los convenció de contratarme. Trabajaba 12 horas por día, y además en aquella época el instituto quedaba en Canelones y Andes, y yo me iba caminando hasta allí ida y vuelta todos los días. Era un gran sacrificio que hacía, pero lo hacía porque amaba a mi familia", cuenta Galeano.

En el Instituto Yavne todavía lo recuerdan.

Galeano sale de su casa con un vaso en la mano, mezcla de pomelo y alcohol rectificado. Ofrece un trago por cortesía, pero mi hígado nunca me lo dejaría de reprochar.

Está sentado en la puerta de su casa con la compañía infaltable de sus cinco perros; todos callejeros, raquíticos y huesudos.

Además, lo acompañan dos amigos. Jesús María se está encargando del "bar": prepara y sirve los tragos. Es un riverense trotamundos, que cada vez que está en Montevideo se queda junto a Galeano. El otro es Pedro Rodríguez, que cuenta que fue golero profesional, que llegó a ser arquero de la selección juvenil de 1970. "De joven preferí el vaso a los entrenamientos", dijo al explicar por qué su carrera terminó abruptamente.

Ya a esa altura Galeano no puede mantenerse sentado más de unos segundos. Está exaltado. Se para, camina, va y viene. Saluda escandalosamente a cuanto vecino se cruce. El alcohol se está apoderando de él. Sus compañeros tratan de cuidarlo, de contenerlo, de hacerlo sentar. Noto que no solo lo respetan sino que lo admiran. Galeano ejerce una gran atracción sobre ellos. Jesús María cuenta que "Galeano es una persona sumamente inteligente y muy bondadosa. Él no quiere nada para sí mismo, todo lo que le dan lo comparte con los demás y con sus perros".

De pronto, una camioneta cuatro por cuatro para en la puerta de la casa que espera su inminente demolición. Adentro viaja una mujer de unos 40 años. Saca una bolsa del supermercado y se la entrega a Galeano. "Es la italiana —comentan— viene todos los días".

La "italiana" como la llaman Galeano y sus compañeros, es una persona vinculada al consulado de Italia. Es una mujer de rasgos finos y estilizados con un marcado acento peninsular.

CRISS cuarZO

Mucho texto xd

Buceo Caracas

Gustavo Valentìn grande zabeca perro legendario de galeano

Buceo Caracas

Hincha del glorioso defensor galiano

César Cotari

@FACUNDOX197 No

FACUNDOX197

Sigue vivo?

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Brian De Marco

Me largué a llorar en la parte de la canción que dice : " y casi sin darse cuenta alcoholico se volvió " y en la escena enfocan al hombre .Mi papá tmb es alcoholico y cuando vi al hombre vi la misma mirada de mi papá .

Armando Vinaya

lo siento

tango setentaycinco

pa bo! me haces llorar...vamo' arriba! vos podes ser la diferencia, aprender de la experiencia, no caer en esa y educar a las jovenes generaciones! abrazo grande!

Carolina Duarte

Mi padre también era alcohólico pero también fue un buen tipo.

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